Presentación

  • Presentacio JB

El Jardín Botánico de Barcelona es una institución municipal al servicio de la sociedad que preserva colecciones de plantas mediterráneas de todo el mundo. Entre sus principales objetivos destaca la conservación y documentación del patrimonio natural de Cataluña. Al mismo tiempo, el Jardín actúa como elemento difusor de la cultura botánica y naturalista promoviendo el conocimiento a través de actividades adaptadas a todo tipo de colectivos, desde aficionados hasta profesionales en general, así como a las escuelas. Mediante esta difusión, promueve la sensibilización del ciudadano hacia el conocimiento y respecto a la naturaleza.

Desde el punto de vista científico, el Jardín cuenta con el apoyo del Instituto Botánico de Barcelona, un centro de investigación mixto (Ayuntamiento de Barcelona y CSIC) dedicado a la investigación botánica. Este centro, de prestigio consolidado, cuenta con una importante biblioteca y uno de los mayores herbarios de Cataluña.

El Jardín Botánico de Barcelona está situado en la montaña de Montjuïc, entre el Castillo y el Estadio Olímpico Lluís Companys, sobre un terreno con fuertes desniveles (140 metros de cota máxima y 100 metros de cota mínima). Tiene una forma que recuerda un gran anfiteatro encarado hacia el noroeste y una superficie de unas 14 hectáreas. Las vistas son magníficas sobre el delta del Llobregat, la Anilla Olímpica y gran parte del área metropolitana de Barcelona, con las montañas del macizo del Garraf y de las sierras de Collserola y de Marina como telón de fondo.

Desde el año 2000, el Área Metropolitana de Barcelona gestiona el mantenimiento del Jardín con el principal objetivo de convertirlo en modelo y referente de la red de parques metropolitanos. En este sentido, el Jardín Botánico experimenta en nuevas tecnologías aplicadas al mantenimiento de parques y trabaja en la investigación de plantas caracterizadas por su adaptación a una jardinería mediterránea de carácter sostenible.

La historia

El primer jardín botánico de Barcelona data de finales del siglo XVI y estaba situado en el Estudio General que los capuchinos tenían en la plaza Reial. Pero el primer jardín con vocación científica fue el de Sant Joan Despí, creado a finales del siglo XVII por Jaume Salvador i Pedrol. Los Salvador fueron un extenso linaje de botánicos catalanes (siglos XVII a XIX). Actualmente, sus valiosas colecciones están depositadas y expuestas en el Instituto Botánico de Barcelona.

Pero el referente más inmediato es el Jardín Botánico Histórico creado por el Dr. Pius Font i Quer, en el año 1930, en las canteras de la Foixarda de Montjuïc y reabierto al público en octubre de 2003. La necesidad de construir accesos para los nuevos equipamientos olímpicos, en el año 1986, le afectó seriamente. Pero esta situación favoreció el avance de la propuesta de construir un nuevo jardín botánico en Barcelona que, además, acogiese un nuevo edificio para el Instituto Botánico y sus colecciones y pudiera convertirse en un centro de referencia para la conservación de la flora mediterránea. Las obras se iniciaron en 1991, gracias a una colaboración entre el Ayuntamiento de Barcelona y el antiguo ICONA. Una subvención de la Unión Europea permitió proseguirlas hasta la inauguración del nuevo Jardín el 18 de abril de 1999.

La arquitectura

El nuevo Jardín Botánico de Barcelona ha dignificado y revalorizado un sector de la montaña que había sido, durante mucho tiempo, escenario de olvido y marginación. En estos terrenos -al igual que en otros de Montjuïc entre los años cuarenta y setenta del siglo XX-, había una gran barriada de barracas conocida con el nombre de Can Valero y, posteriormente, un vertedero de residuos urbanos. La belleza y calidad del paisaje actual han pasado página de esta lóbrega etapa.

El Jardín fue proyectado por un equipo interdisciplinar formado por los arquitectos Carles Ferrater y Josep Lluís Canosa, la arquitecta paisajista Bet Figueras, el horticultor Artur Bossy y el biólogo Joan Pedrola. Para construirlo se tuvieron en cuenta dos consideraciones fundamentales:

  • La primera con relación a la estructuración de la vegetación, porque había que proyectar las plantaciones siguiendo una ordenación geográfica, de manera que las plantas quedasen agrupadas según las cinco regiones mediterráneas del mundo y, dentro de estas zonas, las plantas se agrupasen por afinidades ecológicas, es decir, representando los paisajes naturales.
  • La segunda consideración fue conseguir un proyecto que permitiese que fuera la propia montaña quien diese las condiciones topográficas para crear los espacios de plantación del Jardín. Esto significaba aprovechar el relieve natural para diseñar la red de caminos y evitar al máximo grandes movimientos de tierras.

Del resultado de estas dos premisas surgió la idea de adaptar una malla sobre el terreno. Esta malla debía reposar sobre el vertiente topográfico de la montaña y, al mismo tiempo, delimitar una cantidad de espacios suficiente para poder representar los 71 fitoepisodios que debían mostrar las principales comunidades vegetales que se observan en las regiones del mundo con clima mediterráneo. El resultado fue, así pues, una malla triangular sobre el terreno que se iría adaptando a la superficie, a los bordes y a la inclinación topográfica.

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